
Museo del Chocolate
Museo del Chocolate
Al recorrer las calles empedradas de La Habana Vieja, entre fachadas coloridas y aires de salsa, un dulce aroma de cacao atrae a los curiosos. Bienvenido al Museo del Chocolate, una parada atípica y sabrosa, apreciada tanto por turistas como por locales.
Al recorrer las calles empedradas de La Habana Vieja, entre fachadas coloridas y aires de salsa, un dulce aroma de cacao atrae a los curiosos. Bienvenido al Museo del Chocolate, una parada atípica y sabrosa, apreciada tanto por turistas como por locales. Más que un simple museo, este lugar encarna la pasión cubana por el chocolate, a través de su historia, su fabricación y, por supuesto, su degustación. Ya sea amateur de dulces, curioso por las tradiciones caribeñas o simplemente en busca de una pausa golosa, esta dirección merece el desvío.
Un museo ubicado en un lugar histórico
El Museo del Chocolate de La Habana se encuentra en la esquina de las calles Amargura y Mercaderes, en un edificio colonial del siglo XVIII conocido como Casa de la Cruz Verde. Esta casa fue antiguamente la residencia de los condes de Lagunillas y sirvió como punto de partida de la procesión del Vía Crucis organizada cada Viernes Santo. La cruz de cedro pintada de verde, símbolo de esta tradición religiosa, sigue siendo visible en la esquina del edificio.
Compuesta por dos pisos, la casa albergó durante mucho tiempo viviendas privadas en el piso superior y comercios en la planta baja. Sirvió notablemente como bodega hasta los años setenta, antes de ser abandonada. Un importante proyecto de restauración, fiel a los planos originales, permitió rehabilitar el sitio.
En noviembre de 2003, la planta baja fue inaugurada como museo, en el marco del Proyecto Brujas, un programa de cooperación entre Cuba y Bélgica (a través del PNUD). La iniciativa fue apoyada por Jo Fraps, directora del Museo de la Plaza Real de Bruselas, quien también inspiró la estética y las colecciones del lugar.
Museo y espacio de degustación
Más que un museo, el Museo del Chocolate es también una sala de degustación muy apreciada por los visitantes de la Habana Vieja. El ambiente recuerda a un antiguo salón de té europeo, con sus paredes oscuras, su mobiliario de madera maciza, su vajilla antigua y sus vitrinas que exponen moldes de chocolate.
El lugar ofrece un recorrido inmersivo alrededor del cacao, su cultivo, su transformación artesanal y su comercialización. También destaca la evolución del chocolate desde su uso entre los pueblos indígenas de América hasta su éxito en Europa. El museo también informa sobre el desarrollo del cultivo de cacao en Cuba, introducido en la época colonial y particularmente expandido en la región de Baracoa, en el este del país, que se convirtió en la principal zona productora. Esta industria local, surgida en los años sesenta, ha experimentado varias fases de modernización tecnológica.
Una colección rica y variada
El museo presenta una colección permanente notable, compuesta notablemente por:
- Tazas de chocolate de porcelana procedentes de Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, datadas de los siglos XIX y XX, incluyendo una taza bisotada francesa diseñada para no mojarse los bigotes.
- Moldes de baquelita y recipientes de conservas, donados por el Museo de la Plaza Real de Bruselas.
- Chocolateras de cerámica, cazuelas, jarras y tazones de loza inglesa, descubiertos durante excavaciones arqueológicas en el centro histórico de La Habana.
El conjunto se completa con una presentación de máquinas antiguas, moldes de tabletas, instrumentos agrícolas, empaques y otros objetos que han marcado la historia del chocolate en Cuba.
Un homenaje a la cultura del chocolate
El museo también rinde homenaje al lugar del chocolate en la cultura cubana. Desde el siglo XIX, los cubanos ya consumían chocolate caliente con leche con entusiasmo. Con el tiempo, esta tradición se enriqueció con tabletas, caramelos, pastelería, y contribuyó a construir una identidad gastronómica local.
La exposición también revisa el papel económico del cacao, a menudo vinculado al del café, especialmente en regiones montañosas. El chocolate cubano, hoy en día, sigue siendo apreciado localmente como a nivel internacional.
Un espacio de degustación acogedor
Desde el exterior, un aroma cautivador de cacao atrae a los transeúntes hacia el Museo del Chocolate. Este pequeño establecimiento, a mitad de camino entre museo, sala de degustación y chocolatería artesanal, es mucho más que un simple lugar de exposición: invita a probar, observar y saborear.
El establecimiento es reputado por su espacio climatizado, con una atmósfera acogedora, donde mesas para dos o cuatro personas acogen a pequeños grupos o parejas. Es un lugar ideal para hacer una pausa, especialmente durante las horas más calurosas del día.
La carta ofrece una bella diversidad de preparaciones con chocolate:
- Chocolate caliente o frío
- Chocolate negro o blanco
- Chocolate espeso o ligero
- Chocolate dulce, amargo, suave, perfumado o picante.
Cada bebida suele ir acompañada de un caramelo o galleta artesanal.
Entre las recetas más apreciadas figuran el chocolate "Tradicional", perfumado con vainilla y canela, y el chocolate "Azteca", realzado con pimienta dulce y nuez moscada.
Además, cada martes y viernes a las 11h, los visitantes pueden asistir a una demostración en directo de las técnicas artesanales de fabricación de bombones de chocolate. A través de una pared de cristal, se observa a los chocolateros en acción, trabajando el cacao de Baracoa, reconocido como el mejor de Cuba.
Una tienda golosa que no debe perderse
La visita no estaría completa sin pasar por el espacio de venta, que ofrece una gran variedad de productos artesanales:
- Trufas, bombones rellenos, tabletas
- Granos caramelizados, chocolates con frutas tropicales o especias
- Esculturas originales de chocolate: tabacos, animales, cestas, etc.
También encontrará creaciones inspiradas en las tradiciones locales, como el mocha al ron o el chocolate helado con miel, todo a precios muy asequibles.
Información práctica
El Museo del Chocolate de La Habana generalmente abre todos los días, pero sus horarios pueden variar ligeramente según las temporadas. Por lo tanto, se recomienda verificar localmente antes de su visita. A título indicativo, el museo abre sus puertas de martes a sábado de 10h a 18h, y los domingos de 9h a 13h. Algunos testimonios indican un cierre más tardío los domingos, hasta las 21h en algunos casos.
Siendo un lugar muy apreciado por los visitantes, el museo suele estar concurrido, y puede haber algo de espera para obtener mesa. Pero la experiencia bien vale la pena. Entre la calidad de los productos, la atención amable del personal y la atmósfera golosa del lugar, este pausa de chocolate sigue siendo imprescindible para todo amante de las dulces en estancia en La Habana.
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